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La oportunidad es buena para recordar las utilidades de las mineras y lo que se hubiera recaudado si, en lugar del "óbolo", se hubiera aplicado un impuesto extraordinario a esas utilidades. Escribe Humberto Campodónico. (09/05/07)

Realidad educativa peruana
UNE
LA CANTUTA
Estos, y otros más, son temas que necesitamos dialogar para construir una nueva carrera magisterial que mire el siglo XXI, de modo que nuestro profesional de la educación, al mismo tiempo que reciba un trato digno y justo, responda de su permanente superación profesional y de su comportamiento ético, y de cuenta de su trabajo a la comunidad. Así podremos tener una educación pública de calidad que permita concretar el derecho de cualquier peruano a participar, sin ninguna exclusión, en la construcción de un país solidario, justo, respetado y respetable donde la convivencia y el bienestar son realidad para todos.

Ministerio de Educacion
Más de 17 mil delegados y delegadas de asentamientos y campamentos de 24 estados participarán en el 5º Congreso del MST, bajo el lema “Reforma Agraria: por Justicia Social y Soberanía Popular”. (05/06/07)

En el ámbito de las políticas educativas al profesor que trabaja en instituciones del Estado se le exige diversos cometidos: debe aplicar un currículo basado en enfoques modernos que incluya enseñar y evaluar en base de competencias, capacidades, habilidades y destrezas; aplicar métodos activos e inclusivos aunque muchas veces sea con 40 o más alumnos por clase; y emplear procedimientos cada vez más complejos de control de los aprendizajes que demandan más tiempo y análisis.

Sin embargo, las nuevas demandas al maestro no siempre van de la mano de condiciones medianamente satisfactorias de trabajo. Nadie duda que están mal remunerados, que la gran mayoría de los egresados de los programas de formación docente están mal preparados, que la capacitación que reciben es insuficiente y no siempre va asociada a clases compuestas por alumnos que son culturalmente cada vez más heterogéneos, y que las condiciones de muchas escuelas y aulas son deplorables a pesar de los esfuerzos que se hacen para superarlas.

Actualmente los maestros están regidos por la Ley Nº 24029 y su modificatoria, la Ley Nº 25212. Incumplida en varios de sus alcances y obsoleta en otros, la Ley del Profesorado demanda ser urgentemente reemplazada. Esta demanda ha sido recogida en el artículo 57º, la Ley Nº 28044, Ley General de Educación, que señala que el desarrollo de la docencia en el Estado se realiza en el marco de una Carrera Pública Magisterial, la cual debe ser normada en una Ley específica. Ella tiene que ser parte de un conjunto de cambios impostergables en nuestro sistema educativo que abarcan campos como la reforma de la formación docente, el currículum y la didáctica, la evaluación en sus diferentes dimensiones, la gestión, el uso de las nuevas tecnologías de la comunicación e información en apoyo del aprendizaje, y la reforma del presupuesto y el financiamiento de la educación, entre otros. Para tener éxito, la nueva Ley de Carrera Pública Magisterial tendría paralelamente a cambios como los mencionados.

Desde inicios del 2004, el Ministerio de Educación ha estado liderando las iniciativas de formulación de una nueva Ley de Carrera Pública Magisterial cuya propuesta, toma en cuenta las experiencias de otros países, los estudios de reforma de la Ley de Carrera Pública que se trabaja en el país y las opiniones recogidas de muchos maestros y especialistas en educación en diversos regiones del país. Una propuesta de proyecto de Ley ha sido elevada al Consejo Nacional de Educación para su opinión. Es el paso previo dirigido, en primer lugar, hacia una consulta más amplia a la sociedad en su conjunto, y luego, a la remisión de la propuesta definitiva al Congreso de la República.

¿Será posible la aprobación durante este gobierno de una nueva Ley de Carrera Pública Magisterial? El tiempo lo dirá. La principal dificultad está en la oportunidad de discusión de la norma. Al actual gobierno le resta un año y tres meses de gobierno y el país ingresa a un escenario electoral. Es deseable que los plazos que quedan no sean razón para sacrificar la inclusión en la propuesta de Ley de contenidos que reflejan los cambios más importantes que requiere el ejercicio de la docencia pública.
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CONSTRUYENDO LA CARRERA PÚBLICA MAGISTERIAL
La Carrera Magisterial es un tema altamente sensible social y políticamente. Para Juan Carlos Tedesco, debería ser objeto del debate de las políticas públicas porque, según los datos de las encuestas efectuadas por el IIPE-UNESCO en varios países de América Latina, existe un porcentaje muy alto de profesores que, estando satisfechos con su tarea, aspiran a dejar el puesto que ocupan actualmente .

Entre nosotros hay diversas posiciones sobre este tema. Para Olmedo Auris, José Ramos Bosmediano y Luberliz Cáceres Tantarico, ex Secretarios Generales del SUTEP, se deben mantener los planteamientos de las Leyes N° 24029 y su modificatoria 25212. Para Sigfredo Chiroque, Presidente del Instituto de Pedagogía Popular, la Carrera debe conjugar derechos del profesional de la educación, de los estudiantes y del conjunto de la sociedad. Para León Trathemberg, líder de opinión y educador, la razón de ser del sistema educativo es el alumno; por eso, los otros factores del sistema, dentro del cual está el profesor, deben estar en función de los estudiantes, que son su razón de ser. Y para José Rivero, consultor internacional, se debe distinguir el derecho a enseñar, que lo tiene todo egresado de una institución acreditada, del de ingresar a una carrera. Esto se debe reservar para quienes satisfagan los requisitos que permitan asegurar que van a hacer un buen ejercicio profesional.

La Carrera Pública Magisterial para elaborarse debidamente requiere un proceso participativo de diálogo alturado y debate constructivo; están en juego las normas que regirán a quienes tienen la responsabilidad de acompañar el desarrollo humano de jóvenes vidas, muchas de las cuales sólo tienen el período escolar para realizarlo. Una propuesta de ley para la Carrera Pública Magisterial, debe estar por encima de los apetitos políticos, comprensibles pero dañinos, cuando se trata de crear una norma que permita a nuestra patria tener profesionales de la educación calificados y éticos.

Con la finalidad de aportar a este debate nos preguntaremos en estas líneas si el tipo de profesional de la educación que tenemos es el que deberíamos tener, describiremos el proceso de elaboración de la Propuesta Técnica que el Ministerio de Educación ha puesto al debate y puntualizaremos algunos temas controversiales.

1. ¿Tenemos el profesional que requerimos?

La escuela que tenemos nació en el siglo XVII para incorporar masivamente a la población infantil en un universo cultural que requería la lecto-escritura fonética, es decir la alfabetización, y lograr obediencia a la autoridad de la época.

Antes de la invención de la imprenta, la cultura y el conocimiento se transmitían oralmente. Al inventarse aquélla, aparece otro medio para divulgar la cultura y el conocimiento: el libro, del que se adueñaba quien aprendía a escribir y leer. En el siglo XX, además del libro, aparece la TV en cable, la Internet, el celular y la computadora que han borrado las distancias físicas y permiten acceder a una gran información jamás imaginada anteriormente.

Dos investigadores latinoamericanos de la educación nos lo recuerdan: Eugenio Rodríguez Fuenzalida, profesor de la universidad Católica de Chile, cuando escribe: “Los niños y jóvenes se van de la escuela porque no les interesa lo que se les enseña. Muchos niños y niñas trabajan, se agrupan en pandillas, están en el centro y límites de las ciudades, ello es más importante que estar en la escuela” . Cecilia Braslasky, recordada investigadora argentina, cuando dijo en el 2002: “Los sistemas educativos y las escuelas funcionan en forma insatisfactoria para la gente porque los programas, los edificios y los materiales didácticos son insuficientes o no son buenos, los profesores no tienen condiciones de trabajo ni la formación adecuadas, las prácticas están burocratizadas y por otra serie de razones que pueden y deben mejorarse. Pero también porque el rol de maestro o profesor está ligado al modelo fundacional de la escuela y de los sistemas educativos de la modernidad, que está en crisis y que debe ser reemplazado” .

Si el mundo en el que nació la escuela ha cambiado, ésta y el profesor deben cambiar. El proceso de enseñanza, tal como lo practicamos, implica que comunicamos a otro el saber del que nos hemos apropiado y el conocimiento institucionalizado del que somos depositarios. Lo transmitido es comprendido sólo cuando tiene significado para quien lo recibe porque si éste carece de anclajes para asimilarlo, corre el riesgo de perderlo o no poderlo aplicar. El proceso de enseñanza no es igual al del aprendizaje; aquélla se inicia con la acción del docente, éste con y en el alumno. El proceso de aprendizaje no excluye al de enseñanza, lo necesita y complementa, pero éste no puede sustituir al acto de aprender que es un acto propio y personal.

Para responder a los desafíos actuales en el ejercicio de nuestra profesión, tenemos que preguntarnos si enseñamos y aprendemos a:
• Decidir en incertidumbre, porque vivimos en una época de cambio.
• Seleccionar y discriminar información, porque estamos abrumados por ella.
• Comprender la información, porque nuestras categorías y procesos mentales, a veces, no permiten convertirla en conocimiento.
• Adquirir conocimiento, que es diferente a recibir o a “bajar” información de la Internet.
• Leer la realidad y cambiar, para responder a situaciones y necesidades nuevas porque, si no lo logramos, somos prescindibles.
• Trabajar en equipo y construir con otros, porque el avance actual en el mundo del pensamiento, de la ciencia, de la convivencia y del trabajo tiene tal cantidad de demandas y complejidades que, pretender entenderlo solo, no sólo es fatuo y presuntuoso sino además empobrecedor.
• Imaginar, porque tenemos que inventar y crear posibilidades desde situaciones y perspectivas nuevas e inéditas y establecer relaciones con sinapsis insospechadas actualmente.
• Aprender de los errores, que son fuente de experiencia cercana y, por ello, más rica cuando se reflexiona sobre ellos.
• Manejar el ocio, porque la técnica elimina las acciones rutinarias y tenemos que crear formas y maneras nuevas de enriquecer este tiempo aparentemente inútil.

Ante esta nueva época, muy diferente a la del siglo XVII, está en cuestión la formación profesional del profesor, tanto en los Institutos Superiores Pedagógicos como en las Facultades de Educación; también está en cuestión la actualidad y vigencia de los conocimientos de quien ejerce la profesión de profesor; y está asimismo en cuestión una carrera profesional, basada en la antigüedad, en el puesto inamovible de una escuela fija, y en unos estudios realizados para una época con necesidades y características diferentes.

Por todo esto, el Ministerio de Educación ya ha emprendido la redefinición del perfil profesional del docente, el diseño de un Sistema de Formación Continua y de la capacitación descentralizada, la reducción de metas de matrícula para adecuar la oferta a la real demanda, la priorización de carreras que responden a las necesidades y exigencias de la Ley General de Educación, el proceso de evaluación de todos los Institutos Superiores Pedagógicos y Escuelas Superiores de Formación Artística, la elaboración de una propuesta para la Carrera Pública Magisterial y de una evaluación del desempeño docente, y la de actualizar la carrera de los formadores de profesores.

En el tema de la Carrera Pública ¿es realista creer que ser titular de una plaza docente asegura la idoneidad y actualización de la enseñanza y aprendizaje de lo que se requiere ahora? Pretender analizar un planteamiento laboral, que tenía razón de ser en la década del 80 ¿va en contra de los derechos de las personas que han hecho profesión de preparar a los niños y jóvenes a los retos del siglo XXI? Una objetiva, sana y seria revisión de disposiciones pensadas y buenas para décadas y necesidades pasadas ¿no ayudará acaso a revalorar socialmente la profesión del profesor?

2. ¿Cómo se elaboró la propuesta de la carrera pública magisterial?

El Ministerio de Educación encargó, en agosto del 2001, un estudio al Dr. José Rivero, que fue apoyado por Luisa Pinto en el tema de los perfiles del docente; por el Dr. Manuel Bello en el de acreditación de las instituciones; y por la Dra. Julia Alva, en el de la carrera magisterial. Fruto de este trabajo fue el libro Nueva Docencia que se presentó en el Museo de la Nación en la gestión ministerial del Arquitecto Javier Sota.

En la del Dr. Gerardo Ayzanoa, la Comisión Presidencial de Educación, liderada por el Dr. Carlos Malpica, inició estudios sobre la carrera profesional del docente, aprovechando lo acumulado anteriormente. Y, en la gestión ministerial de su sucesor, Dr. Malpica, la Comisión diseñó medidas de política magisterial, algunas de los cuales concretó.

En enero del 2004, con la reflexión avanzada, se conformó un equipo especial para la elaboración de un Anteproyecto de Ley de la Carrera Pública Magisterial, dependiente de la Dirección Nacional de Formación y Capacitación Docente. Este equipo estuvo integrado por los Drs. Andrés Cardó y Dante Córdova, ex Ministros de Educación; el Economista Víctor Montero, especialista en análisis estadístico y financiamiento, de la ESAN, y fue liderado por el Consultor Sr. Hugo Díaz.

El trabajo fue consultado con diversas organizaciones, especialistas, funcionarios, directivos y profesores del país; está como documento de trabajo en el libro “Propuesta de Carrera Pública Magisterial”, que tiene 12 capítulos, 70 artículos, 6 disposiciones complementarias y transitorias y 5 disposiciones finales, con la peculiaridad que cada artículo tiene su propia exposición de motivos.

Entonces el Ministerio de Educación consideró imprescindible que esta propuesta sea analizada por el Consejo Nacional de Educación, órgano especializado, consultivo y autónomo. Éste lo estudió, con la experiencia y pluralidad que posee, e hizo llegar al Ministro de Educación su opinión calificada; además, lideró una Jornada de Reflexión en las instituciones educativas, a principios de este año académico, con la participación del Ministerio y de comprometidas organizaciones del ámbito educativo.

Pero, como la propuesta de Carrera Magisterial requiere consenso social y político, que permita su aceptación y continuidad, revalore la profesión docente y ofrezca calidad en el servicio educativo público y privado, el Ministerio de Educación decidió poner al debate la Propuesta ante la comunidad educativa, y especialmente el magisterio.

Este debate permitirá enriquecerla con el aporte realista, reflexivo y sereno. Para ello el Ministerio publicó la Propuesta, y en anexo la opinión oficial del Consejo Nacional de Educación, solicitó que conduzca el debate el Grupo Impulsor del Pacto Social de Compromisos Recíprocos por la Educación del Foro del Acuerdo Nacional, que congrega a las principales fuerzas sociales y políticas del país, y contrató un equipo humano, liderado por el Sr. Luis Soberón, distinguido profesional universitario, cuya independencia, profesionalismo y seriedad son reconocidos proporcionándole los recursos económicos que faciliten el debate.

3. ¿Cuáles son los principales puntos de debate?

Aunque la Propuesta tiene consenso en varios de sus planteamientos, recogiendo lo dispuesto en normas anteriores, existen otros que son objeto de controversia. Los que son indispensables tratar son los siguientes:

a. Una Carrera Pública Magisterial sólo para quienes tengan título en educación
La Carrera es una propuesta para los profesores de la etapa básica del sistema educativo - niveles de inicial, primaria y secundaria - y no para los de educación superior. Está vigente la Ley del Colegio Profesional de Profesores y su modificatoria, que obligan a ejercer la docencia con el título profesional de profesor. Existe la Recomendación de la OIT, avalada por la UNESCO, que recomienda el título profesional de profesor para ejercer la docencia y, finalmente, así lo dispone el artículo 58 de la actual Ley General de Educación. Sin embargo, este mismo artículo dice que: “Profesionales con títulos distintos de los profesionales en educación, ejercen la docencia si se desempeñan en áreas afines a su especialidad” y añade: “Su incorporación en el escalafón magisterial está condicionada a la obtención del título pedagógico o postgrado en educación”. La ley distingue, en este artículo, ejercer la docencia de ingresar a la Carrera.

b. Existencia de un período de inserción para el ingreso a la Carrera
En este tema hay diversas posiciones, desde quienes opinan que no debe existir, porque así se desconoce lo estudiado en los Institutos Superiores Pedagógicos y en las Facultades de Educación, hasta quienes lo consideran indispensable para el ingreso a la Carrera, pasando por quienes creen que debe ser un colectivo el que asesore al profesor que se inicia, y quienes opinan que este proceso debe formar parte del Concurso Público; en este caso, el Concurso comprendería dos aspectos: el teórico, que se verifica en la Prueba, y el de desempeño, que se verifica en la conducción de un aula durante un año.

c. Propuesta de evaluación del profesor y del director.
Este tema tiene varias aristas. La primera es la mala experiencia de evaluación docente que tienen los profesores peruanos; unas veces tuvo carácter punitivo: se la usó “para sacar gente”; otras, no se cumplió lo que se dijo, o se supuso que se dijo. Por ejemplo, cuando en el concurso para cubrir plazas vacantes no se explicitó que sólo tendrían nombramiento quienes ocupasen los primeros lugares hasta cubrir el número de plazas vacantes porque aprobar la prueba no daba derecho a la creación de una plaza inexistente.

Estas experiencias negativas tal vez explican los resultados de la encuesta realizada por el IIEP/UNESCO en el año 2000 , en el que aparece que el 75 % de los profesores del área urbana está disconforme con los mecanismos de evaluación de su trabajo; pero que la evaluación periódica es valorada en primer lugar por los docentes peruanos, seguido de los uruguayos y argentinos, y que el 51,9 % prefiera ser evaluado por las autoridades del Ministerio de Educación, antes que por su director (47.7%) o por sus pares (37.9 %) . Y, al traducirse, como afirma Tenti, la evaluación en una clasificación y diferenciación, se establece un orden y jerarquía que conduce a decisiones que premian o corrigen.

También existe resistencia a ser evaluado por la comunidad, porque no se la considera capaz. Sin embargo, las organizaciones modernas consideran actualmente la opinión de quienes reciben su servicio como una información privilegiada porque con ella verifican la calidad de su servicio, detectan las debilidades y responden mejor a las necesidades que se tiene. Los padres de familia, y en determinados casos los alumnos, reciben el servicio educativo, también la sociedad acoge al egresado de la etapa escolar. ¿Cuál sería la razón que permite impedir la participación de los usuarios en la evaluación del servicio que reciben?

d. Propuesta de recibir Incentivos en vez de aumentos iguales para todos.
Hay quienes opinan que no deben existir diferencias en las remuneraciones y hay quienes piensan que sí. La clasificación, producto de una evaluación, objetiva lo diferente y, por ello, trae consecuencias. En la encuesta del IIEP mencionada, el 69 % de los docentes peruanos está de acuerdo con encontrar mecanismos para que los mejores maestros ganen más. ¿Qué se opone a esta opinión mayoritaria?

Si se asegura un piso salarial básico, ¿cuál es el problema de incentivar la mayor dedicación, responsabilidad, actualización, creatividad y realizaciones en los profesores? ¿Qué se opondría a reconocer de alguna manera el esfuerzo de quien avanza en los estudios de postgrado, realiza investigaciones o prepara propuestas que se concretan en mejor calidad del servicio educativo que se ofrece?. Martín Oré escribe al respecto: “sería absurdo pensar en una carrera pública que no contemple incrementos de remuneraciones, pero igual de absurdo sería no posibilitar que se estimule y tengan mejor remuneración quienes tienen mejor desempeño”

Estos, y otros más, son temas que necesitamos dialogar para construir una nueva carrera magisterial que mire el siglo XXI, de modo que nuestro profesional de la educación, al mismo tiempo que reciba un trato digno y justo, responda de su permanente superación profesional y de su comportamiento ético, y de cuenta de su trabajo a la comunidad. Así podremos tener una educación pública de calidad que permita concretar el derecho de cualquier peruano a participar, sin ninguna exclusión, en la construcción de un país solidario, justo, respetado y respetable donde la convivencia y el bienestar son realidad para todos.


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